25 de octubre de 2012

Walter Browning


Los años que transcurren de 1908 a 1927 es el tiempo del Virrey de Huelva. Soberano sin corona, pero con todo su poder. Un auténtico monarca déspota, autoritario y que gustaba de trabajar sin ayuda. Con fama de jinete experto y protegido por su rifle Winchester, su guardaespaldas, el revólver mexicano y, casualidades, por una automática con su apellido.

Mucho se ha hablado de Walter Browning, hombre enérgico, apodado “El Terremoto” por los españoles y británicos que convivieron con él. Amigo de Fielding, presidente de la Rio Tinto Company, ocupó el cargo de director general de la Mazapil Copper Company, antes de aterrizar con su arrolladora personalidad, moldeada en su pasado como buscador de oro en México, en las minas de Riotinto. Allí, indica David Avery en “Nunca en el cumpleaños de la Reina Victoria” en la página 254: “…en los montes mexicanos probó a Walter Browning su capacidad de resistir hasta el límite, soportando con éxito una existencia solitaria con sus dificultades y peligros (…) Este proceso desarrolló en él una capacidad para pensar y actuar simultáneamente, así como un alto grado de confianza en sí mismo; características éstas que le acompañarían durante el resto de su vida”.

Esta característica se reflejó inmediatamente con la dirección de las operaciones de rescate de los primeros accidentes y derrumbes. Esa misma actitud mostró en “la catástrofe más espantosa…que jamás ocurriera en la historia de las minas” (Op. Cit. Pág. 257) en el accidente del pozo Alicia, estudiado por Pedro Real Valdés en su recomendada obra “Desastre del Pozo Alicia, 80 años después”, Diputación de Huelva, 1995.

Pero este hecho nos habla no sólo de su arrojo, de su fortaleza, sino, sobre todo del odio que despertaba en los mineros por ser un arrogante autócrata. No quedaban ya en Riotinto campesinos adscritos a la tierra manejados por ricos terratenientes, pero los obreros soportaban las órdenes del director general como si de su cacique se tratara. En momentos de “elecciones” publicaba un "Ordeno y Mando" con el listado de las personas que debían ser elegidas. Varios atentados sufrió, saliendo de todos ellos ileso y por supuesto, en un centro de movimiento obrero como eran las minas de Riotinto, también algunas manifestaciones y huelgas, superadas con mano dura y sometidas por el hambre. Especialmente duras fueron las de 1913, para la que aconsejamos la obra de Juan Manuel Pérez López “La huelga de 1913 en Rio Tinto. Como paradigma de acción colectiva desde los órganos de representación obrera”, ADR Cuenca Minera de Riotinto, 2007 y la de 1920, en la cuál cientos de niños se vieron obligados a “exiliarse” y refugiarse en hogares obreros de Huelva, Sevilla o Madrid para poder alimentarse.

Poco importaba. Como muestra Cobos Wilkins en “La Huelva Británica”, Mr. Browning: “Estaba dispuesto a hacer rentable la mina para la Rio Tinto Company Limited a costa de lo que fuese”. De esa manera, cierto es también que bajo su “reinado” aumentó la productividad de las minas, Corta Atalaya se convirtió en una de las más importantes del mundo (las palas de vapor que la excavaron se compraron a los constructores del canal de Panamá) y se introdujo la electricidad a gran escala.

Pero todo tiene su fin. El jacobino de este monarca fue Auckland Geddes, nuevo presidente de la empresa británica, que en 1927 descubrió que su vida palaciega había sido sufragada por la  Compañía. En agosto de ese año, encontrándose en Cornualles,  se le pide que dimita y que no vuelva a las minas. Además, se le informaba que la casa de Los Frailes regalada a su segunda esposa, pasaba a manos de la RTCL, siendo prontamente arrasada. Aunque volvió a Andalucía para crear una empresa de cultivos de arroz cerca de Sevilla que fracasó, nunca volvió a pisar las minas que adoró y dominó. Finalmente murió en Kent en 1943.

David Avery, (quizás por su profesión) comenta que se le recuerda en Riotinto con admiración y respeto. Con los estudios más recientes, se le deben añadir, además, los conceptos de miedo y dolor.


No hay comentarios:

Publicar un comentario